Los Tiempos de Kubrick

Ellos tuvieron que ceder, el genio de Stanley era mundial y renombrado, y entre la pugna y la conciliación de los proyectos, eran ellos o él, la industria o el arte, las masas o el ingenio. Es una anécdota total entre el poder de los mercados. El mundo vio nacer en las pantallas a un genio de la estética y la creación, un monstro hiperactivo y exótico, asfixiante y maniático, adorado y terrorífico; el hombre que obligaba a repetir trescientas veces una escena hasta entrever las energías liberadas del actor, el que obligaba a los elencos a elegir todo un exceso de recursos sin censura; todos los medios para el fin artístico, alcohol o alucinógenos para lograr la escurridiza catarsis.

TEATRO

La prensa registró la exótica noticia con subtítulos exóticos, y los ataques ideológicos al régimen se hicieron explotando el beneficio del suceso. Pero la farsa no excluye a las políticas opuestas, ni era exclusiva de Corea. El pandemonio del llanto no fue más que un eslabón entre las últimas hipérboles del mundo.