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La Eterna Discusion Entre el Arte y la Academia

Escrito por: Mariela Ibarra

Retrato Verlaine
Retrato Verlaine

Esta semana me dio por ponerme pesada con la lectura (pero qué digo pesada, si ha sido una verdadera delicia), ando leyendo las obras completas en prosa y en verso de Paul Verlaíne. Es apasionante, vivo, inteligente, visceral, el genio en la sombra, que pluma, que estilo, me deshago de amor por mi favorito entre los malditos.

Verlaíne, en “Charles Baudelaire  y hombres de mi tiempo”, en una sección dedicada al novelista, poeta y dramaturgo François Coppee, habla brevemente sobre la eterna discusión entre la academia y las artes. Me fascina en especial como empieza esta sección: “Yo quiero al académico François Coppée y no quiero al académico François Coppée”.

Lo que llama mi atención sobre esta parte del ensayo es que muchos de los

Francois Coppee
Francois Coppee

argumentos que usa Verlaíne para manifestar los motivos por los que no quiere al académico François Coppée son los mismos, o muy similares, que me da un amigo (que curiosamente se llama Francisco) para que abandone mis planes de reingreso a la universidad y me dedique de lleno a la escritura.

En el mismo ensayo Verlaine cita a Baudelaire, quien  decía que la originalidad se aprende, lo que no quiere decir que pueda enseñarse. Yo le podría decir a mi amigo, sin querer contradecir a Baudelaire, que si bien la originalidad o la escritura como ejercicio creativo no puede enseñarse, si puede pulirse a través del estudio juicioso y detallado de lo que otros han hecho y seguirán haciendo, aprender sobre técnicas y (Me imagino que aquí reventará mi querido Francisco) conociendo criterios editoriales, lo que es publicable y lo que no. Además algo que brindan las instituciones son grupos de lectores con criterio más o menos elevado.

A esto último me contesta el mismísimo Verlaine, “…No más ambiciones, ¿eh?, aparte de la de ser un gran poeta, lo más grande posible; no más sonrisas, ni visitas, ni fiestas arruinadoras para el estómago y el cerebro- que Coppée, enseñado por la experiencia, no malgaste más el talento, el ingenio, el tiempo…” Lo entiendo, hay que buscar el criterio, pero saber discernir sobre el de quien.

Academia Francesa
Academia Francesa

Volviendo a mi amigo, este siente una verdadera aversión por las “instituciones”, nombrarle una universidad es como invocarle al diablo, para él son como un cáncer que consumen las artes, similar al destripamiento de una hada, una guadaña que mutila la irreverencia de una obra, que no tiene la capacidad (por estar demasiado estructurada) de comprender el espíritu cambiante del arte. La gran advertencia de mi amigo, quien no tiene el menor reparo en burlarse descaradamente en mis narices cada vez que le hablo sobre mis planes de profesionalización, es que de seguir ciñéndome a la academia voy a terminar escribiendo de una forma “políticamente correcta”. Algo parecido a esto fue lo que justificó Verlaine:

“…Esto me lleva a decir porque no quiero yo al académico François Coppée. ¿Por qué?, porque tengo miedo de que la Academia estropeé y enerve, para nosotros –los verdaderos amigos de la gloria del autor-, a nuestro Coppée, como el mundo, los salones y los aplausos incompetentes, sin contar que los sordos consejos de falsos camaradas, nos han estropeado ya a Coppée…”

Aunque ahora que lo pienso, en mis años involucrada en el mundillo de la escritura, no conozco el primer literato (llamando literato a aquellos que han estudiado literatura) que escriba, y los que sé que lo son y escriben se les siente la escritura pesada, se les dificulta, les falta fluidez.

¿Abandonaré la idea de reingresar a la Universidad? Probablemente no, pero vale Francisco, me ganas esta, te creo, hay que tener el valor para afrontar los argumentos y si en realidad quiero escribir debo sentarme a hacerlo, ya entendí.

PDT: Sé de sobra que con Academia Verlaine se refería a la Academia Francesa, institución encargada de regular y perfeccionar el idioma Francés, pero para el caso comparativo con las Universidades Vale.

 

De los Finales Definitivos y otras Pendejadas

Escrito por:   Mariela Ibarra

Taller Echame el Cuento
Taller Echeme el Cuento

Hace una semana y dos días me encontraba en la última clase de un taller al que asistí los últimos dos años. Ese día acudimos, más por un compromiso moral que por un verdadero deseo de asistir, los últimos 10 o 13 que sobrevivimos a un grupo de treinta.

La cosa estuvo buena, luego de la última exposición evaluamos el taller y la evolución que habíamos tenido durante el mismo. Mi respuesta fue medio insulsa (me resultó simplona hasta a mi), pero hoy (Una semana y dos días después) la inminencia de la palabra “terminado” me tomó por sorpresa. Y es que bueno, ahora que lo pienso, se acabó, para siempre, no más taller Relata para Marielita. Es decir, los amigos quedan (por cuánto tiempo es lo que no sé, y tampoco me parece importante), los recuerdos, lo aprendido, seguiré escribiendo y con algo de suerte alguien me leerá, ¿Y qué?. Algo va a quedar irremediablemente roto en mis sábados.

Probablemente lo que me duele no es el fin en sí mismo, sino la certeza de que esta vez es definitivo. A lo largo de dos años logramos formar un grupo que más o menos se entendía, no porque llegáramos a puntos en común (Oh, yo sé bien que en “Écheme el cuento” podía pasar cualquier cosa menos ponernos de acuerdo), sino porque llegamos al punto de que nos decíamos y recibíamos cualquier comentario sin nada de mala leche, y creo que eso es invaluable (Realmente lo más significativo y gratificante era “La Pocholita Post-Taller” pero digamos que era lo otro).

Última Pocholita Post-Taller
Última Pocholita Post-Taller

Así que disculpen mi momento de debilidad y zalamería, y para mis queridísimos compañeros aquí les va (y disculpen la tardanza) la única palabra válida que no se me ocurrió decirles, GRACIAS.

Que finalizando año se acabe mi taller de escritura creativa, los planetas se alinearon, el fin se acerca.