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¿Qué tan común se ven casos de discriminación en Cali?

Llevo un par de días botándole corriente a los videos de Diana Uribe, la historiadora que tiene  este programa en radio en el que habla de todo un poco, y me quedó sonando lo del asunto de la discriminación, en especial cuando se trata de discriminación en Cali.

Según ella, la discriminación es algo que se normaliza a través de chistes, de volverse algo cotidiano. Entonces al final el que discrimina muchas veces ni cae en la cuenta de lo que hace.

Entonces el problema radica en otra parte… en dejar de normalizar esas situaciones y mostrarlas como lo que son, una vaina horrible e injustificable.

Un ejemplo de discriminación en Cali

Justamente hoy, chismosiando en un grupo de facebook (Ohhh qué sería de mi sin los grupos del face),  pude apreciar en vivo y a todo color como funciona el fenómeno. Y bueno, fue un ejemplo claro de Discriminación en Cali.

Una de las miembros del grupo  posteó la siguiente imagen, que es una circular expuesta en el edificio, ubicado en un sector muy exclusivo, en el que vive y bueno, esto la molestó:

Discriminación en Cali

Y bueno, si la indignó y todo el cuento, pero lo que me llama la atención son las reacciones.

El post empezó a ganar poco a poco importancia, y empezaron a verse toda clase de posturas. Si me preguntan me parece horrible, porque como van a  igualar a las personas que prestan servicios al nivel de basura, escombros o animales.

Lo que me preocupa es ver que aún existen posturas que no solo aprueban, sino que también defienden esa clase de acciones.  Decían cosas como:

Discriminación en cali

Este comentario me llamó la atención porque muestra la clara evidencia a invisibilizar al otro. Es decir, quiero una casa limpia, bonita, etc… pero no quiero tener nada que ver con el proceso que eso conlleva, y menos con las personas que lo involucran. Si, me tengo que alimentar, pero no me importa quien me la traiga… No sé, pobre nena. En fin

Persona que discrimina en cali

Y esta se encuentra de acuerdo, y hasta lo justifica según los protocolos de seguridad.

Y bueno, de ahí a insultos, ha chistes de que si los pedos en ascensor de la “alta alcurnia” huelen mejor, a peticiones de firmas… en fin,  se ve de todo.

Lo que me gustó del caso, fue que a pesar de los ejemplos anteriores, a la gran mayoría les pareció un acto reprobable, por lo menos generó inquietud y bueno, creo que es un buen camino.

Lo difícil de la discriminación es lograr identificarla como tal, y darle el nombre que se merece. No son chistes, no es orden, no es un protocolo. Sencillamente es ignorancia y en esta clase de acciones es que se rebela.

No sé,  ¿Ustedes qué piensan? Hay o no discriminación en este caso?

 

 

A los 27 tengo…

Escrito por: Mariela Ibarra

chocolate-birthday-cakeDe los veintisiete no se dice nada mítico, dramático ni poético, no soy el cuarto de siglo de los 25 ni el tan mencionado tercer piso, tampoco el famoso veintiocho de los artistas, pero bueno, son los años que cumplo hoy y se supone que, con la cercanía a los treinta, ya debería ser una mujer hecha y derecha, con carrera, independiente, marido, hijos, carro, casa y beca… Y como nada de eso he alcanzado aún decidí hacer una breve entrada de las cosas que tengo y que me hacen feliz:

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¿Por qué Colombia es un país pobre?

Escrito por: Mariela Ibarra

pobreza_america_latinaNo sé si se han preguntado ¿Por qué Colombia es un país pobre?… hace unos días iba en un bus y la respuesta a esto saltó ante mis ojos. Una señora iba paseando un perro, un pitbull muy lindo, blanco con manchas cafés. El perro, como todo canino, empezó a olisquear todo lo que tenía a su alrededor, se acercó a un árbol y ahí hizo sus necesidades. El perro salió contento con la lengua afuera, mientras la dueña se acercó a los excrementos del animal con unas ramitas en la mano. Yo pensé, bueno, que señora tan ocurrente, impulsar el popó del perro dentro de la bolsa con un palo. Pero esto no fue lo que ocurrió, la señora le puso los palos encima ESCONDIENDO EL POPO. Y yo pensé ¡Ave María! esta si es mucha muela, vieja cochina, es mejor que lo deje destapado así uno por lo menos lo puede ver y no lo anda pisando. O no sé si es que pretendía jugarle una broma a los transeúntes.

perro-limpia-caca

Entonces eso, lo del popó y la señora, me hizo reflexionar y caí en cuenta que eso, precisamente esa cosa fea que ella hizo forma parte de esa malicia indígena de la que tanto nos enorgullecemos los colombianos. Es decir, a ella no le importaba dejar el popó ahí, en mitad de la calle y a la vista de todos, mucho menos si alguien lo pisaba, ella lo que necesitaba era quitarse un problema de encima y ¿cómo lo solucionó? Escondiéndolo. El reflejo de estas actitudes se ve en todas partes contaminación, corrupción, siempre y cuando podamos seguir escondiendo nuestra caquita, sin darnos cuenta que los cambios que queremos ver en el mundo empiezan en nosotros mismo, vamos a seguir varados en la misma pobreza metal y de espíritu.

RABIOSO, PEDRO Y EL MAZAMORRERO

 

-¡Emilia, cuantas veces te he dicho que amarrés a este hijueputa chandoso en el patio!Image

-Tranquilo mijo, él no es sino bulla…¡¡ Rabioso pal’ patio!!

Ya Emilia no es tan divertida, antes de que Pedro se fuera yo dormía a sus pies. Ahora, con el intruso, mi lugar está en el patio. Cuando él se aleja con sus gritos de sirena ella me deja entrar y comemos juntos la mazamorra que él ha preparado el día anterior. Emilia se la toma sin ganas, yo clavo la cara en el plato hasta que mi nariz toca el fondo. Cuando la desentierro tengo maíz hasta en los ojos y recuerdo cómo eran las mañanas cuando Pedro estaba en casa. Pasaba su pesada mano sobre mi cabeza, a veces también la descargaba en Emilia, que caía en medio de un espectáculo de platos rotos. Él salía dando gritos y ella salía de abajo del mesón. Después llegaba el mazamorrero y la acariciaba con sus manos lácteas ahí donde Pedro la lastimó.

Una tarde Pedro volvió con vajilla nueva y sorprendió al mazamorrero con Emilia temblorosa en sus manos. El intruso voló por la ventana, Pedro lo persiguió. Mientras ella esperaba orinó el sofá, me preocupé, ya me imaginaba a Pedro con el periódico enrollado, pero él jamás regresó.

 Ella lloró mucho, aún en sus brazos de mazamorrero, que fue colando su ropa y trastes. Ya no se puede caminar en casa sin tropezar con los bultos de maíz o la olla en la que deja trasnochando la leche y a la que no permite que nos acerquemos. Las mañanas nunca fueron más tristes y la mazamorra nunca supo mejor.

–¡Quite mugroso, déjeme pasar, Emilia llamá al perro!…

-Rabioso…Rabioso… nooo… suelte…-

Ella sigue llamándome a gritos, no hago caso y el contenido de la olla se desparrama. Sabía que esta mazamorra tenía algo de Pedro, lamo la leche de la cabeza que rodó hasta los pies de Emilia, ella ya no dice mi nombre, pero todavía grita.

Mariela Ibarra Piedrahita