Las cosas que me hacen feliz, y antes me daba pena

Cosas que me hacen feliz pero al principio me daban pena

Una vez salí con una amiga a tomar cerveza. Sería más o menos para estas alturas del año. El clima estaba fresco, no era de esos días en que al rubio de arriba le da por achicharrarnos, pero tampoco hacía frío. Así que, por comodidad y porque me encantan, salí en shorts.

Ya en el bar, y después de un par de cervezas, nos dio por tomar cocteles… Oh dulces veintitantos (donde me llegue a tomar uno de esos ahora y caigo fulminada). Coctel va, coctel viene, y ya habíamos pasado de tiernas princesas a cabecillas de un aquelarre (principalmente por la risa, todavía no nos ha dado por sacrificar animales). Definitívamente, nada como una buena amiga para sacar esa Soraya Montenegro que todas llevamos dentro.
Cuando estábamos rajando del décimo ex, mi amiga recibió la llamada de su hermana (entonces una tierna adolescente). La querida estaba más borracha que mecánico en día de pago, así que nuestra misión, si decidíamos aceptarla, era recoger a la dulce hermanita, y llevarla a salvo a casa. y yo:
-Ferro, glaro… mine for la jermanita, no shea que le passse algo- Si, exagero un poco (creo), pero es para que se hagan una idea.
Y nos fuimos por la susodicha, que estaba en la casa de un amigo, muy cerca a mi casa.
Cuando llegamos, el panorama era etílicamente apocalíptico. Casa desocupada (presume esta escritora que la familia se estaba mudando). Un adolescente tirado en la entrada a lo muñeco de trapo. Una parejita besuqueándose (y medio comiéndose al rincón). Botellas y garrafas vacías por todas partes. Era hermoso… solo recordarlo hace que las lágrimas acudan a nublar mi pupila (Por cierto, esa frase se la acabo de robar a Bécquer).
Después de buscar entre tanto adolescente vuelto nada, dimos con la hermanita de mi amiga… Aunque  viéndola bien, creo que estábamos peor nosotras (eso de la juventud y de estrenar hígado si es una cosa maravillosa). Pero en fin, digamos que la misión de rescate fue exitosa.
Como buena adolescente ebria, la hermanita de mi amiga ya se había arrepentido de irse del sitio. Entonces nos ofrecieron de lo que estaban tomando, aguardiente. Y claro… uno como adulto tiene que hacer respetar las buenas costumbres, y eso de rechazar la hospitalidad si está muy mal, así que nos sentamos a beber cual quinceañeras con ese pocotón de jóvenes pechilampiños.
No creo que nos demoráramos mucho. Tampoco es que tomáramos tanto, (la verdad no me acuerdo, así que la rumba tuvo que estar buenísima). El caso es que en algún momento de la noche mi amiga me dijo que nos había llegado a recoger.
Salimos haciendo filita india, yo en la mitad. Cuando ya estabamos alcanzando la puerta me dio por preguntar: -Ve, ¿Quién nos viene a recoger- Y se voltea la dulce adolescente y me dice -Mi papá-.
Aquí tengo que hacer una pausa y comentarles que les omití información por términos de mantener la sorpresa en el relato. Mi querida amiga era además la hija de mi jefe. ¡Pero que digo jefe!. Era la hija de mi jefe, jefe. Ese que una saluda medio tímida cuando se encuentra en un pasillo, y o porque fuera un ogro, al contrario, yo siempre he tenido unos amores de jefes, pero bueno… da penita ¿No?.
Y entonces la que volvió a la adolescencia fui yo… ¿Tu papá?, ¿Tu papá, papá?… Ay no, ¿Y usted por qué no me dijo?¿Tengo mucho tufo? ¿Tenés un pan?… En fin, la borrachera ya no era problema porque esa se fue para donde ya sabemos. Tampoco es que me preocupara la hora, porque a eso de las 4:30 de la madrugada ya el señor hasta estaría para levantarse. Lo que me mataba de la pena era que me viera en shorts. No sé, y no me pregunten. De todo lo que estaba mal en ese cuadro (mega ebrias, con el maquillaje corrido, en la madrugada, que lo llamaran para que nos recogiera, la niña de sus ojos vuelta una picha) eran los shorsitos lo que me preocupaban. Pensamientos de borracho.
Ahora, muuuchos años después, ya en un nuevo trabajo, la vergüenza le deja espacio a ese sentimiento de nostalgia. Especialmente porque mi amiga vive fuera del país y bueno, es una situación que difícilmente creo que se repita. Si, nos veremos, reíremos y saldremos. Pero no será igual, simplemente porque las condiciones ya no lo son. Obviamente construiremos nuevos recuerdos, pero este tiene un lugar especial. Así que, por ahora, le daré una sonrisa a una de esas cosas que me pasaron y me hacen feliz, así en ese momento me dieran pena.
PDT: Actualmente me voy al trabajo en shorsitos… las vuelta que da la vida 😛
Foto en Shorts Mariela Ibarra
¡Yo en Shorts!

5 Replies to “Las cosas que me hacen feliz, y antes me daba pena”

  1. Me encanta!!! Qie buenos recuerdos cómo olvidar esa noche, y si, pasamos delicioso, bailaste como un trompo!!!

  2. Con shorts!!!! como debe de ser. 🙂

    1. Esa es la actitud!!!

  3. Hola Mariela. Encantado de leerte! No paré de leer la historia que, como esperaba, me trajo a la mente varías de las mías, aún en el tintero. Felicitaciones!

    1. jajajaja… es que todas las historias de borrachos se parecen 😛 Ahora estoy trabajando en un cuento re oral, precisamente sobre ese tema… lo cuelgo cuando lo termine

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