Sobre la Prueba Saber Pro y el Negacionismo del Paramilitarismo

ラモンCANDELA photogra sicario

En general detesto las pruebas estandarizadas, y más una prueba que no le sirve a los estudiantes para absolutamente nada. Las Pruebas Saber Pro son más un mecanismo para calificar universidades, que uno para medir conocimiento. Aún así nunca esperé encontrar en esta una prueba del negacionismo descarado del paramilitarismo en Colombia.

El valor real de la prueba Saber Pro (anteriormente ECAES) ha estado en veremos prácticamente desde su implementación. Aunque después de presentarla   el pasado 20 de noviembre, se me ocurre que sirve para una cosita.

Los formularios, como cualquier clase de producto comunicativo, tienden a informar más de lo que se quisiera. En ellos se perciben las relaciones simbólicas, criterios de verdad y maneras de entender la realidad de quienes los realizan, quienes los aprueban, quienes los controlan. Es decir, uno puede ver lo que piensa desde el que elabora la pregunta hasta la institución encargada de la prueba.

Ahora, además de las preguntas incompletas, las que les faltaba información o a las que sencillamente no tenían relación con las respuestas (si, pregunta del Ajedrez, te hablo a ti), hubo una que me llamó mucho la atención, e indignó, y fue una sobre el secuestro y la desaparición en Colombia.

secuestro en colombia
Imagen tomada de El Espectador

La infogradía una estadística sobre el secuestro en Colombia desde 1975 hasta 2010. En esta se informaba, además de la cantidad de secuestros, de quienes se sospechaba que los había cometido y quienes los realizaron realmente.

Según esa infografía los paramilitares tan sólo habían cometido el 4%  de los secuestros en el país, mientras que se les culpaba de un 7%. Aunque bueno, que eso lo diga una infografía no tiene nada de raro, porque la estadística fue creada para despistar.

La pregunta en cuestión decía algo como ¿Cuál de las siguientes opciones es la verdadera según la estadística?… Nada raro, el problema realmente estaba con la respuesta. La opción que escogieron, de todas las posibles, fue “Que los paramilitares cometen menos secuestros de los que las personas piensan”.

¿Perdón?… ¿Qué les pasa?… puede que de acuerdo a la infografía eso sea así, pero eso sencillamente No es así y no está bien que lo digan ni que nosotros lo toleremos.

Curiosamente hoy salió en el periódico El País un artículo sobre el secuestro y la desaparición en Colombia, basado en una investigación de El Centro de Memoria Histórica, y dice algo completamente diferente:

“la investigación muestra cómo los grupos paramilitares han sido  los responsables de la desaparición de 13.500 personas, en tanto las guerrillas cargan con 5900, las bandas criminales con 2600, el Estado con 2300. El resto de las desapariciones no pudieron ser atribuidas.”

Negacionismo del paramilitarismo en Colombia

Es peligroso, pero desde hace años (por no decir desde siempre) hay una tendencia por restarle importancia a lo que hicieron (y siguen haciendo) los paramilitares en el país.

Esta especie de negacionismo termina siendo muy perjudicial, especialmente si se gesta desde el corazón del gobierno.

La necesidad de empequeñecer el fenómeno paramilitar en Colombia se ve reflejado en el cambio de nombre que recibieron estos grupos de “Movimientos Pos Desmovilización de los Paramilitares” a “Bacrim” (Si, para los que no sabían las Bacrim son paramilitares).

Seamos honestos, no tiene la misma carga moral y simbólica hablar de paramilitar que de bacrim, hay una diferencia enorme, porque el fenómeno paramilitar tiene un trasfondo diferente, y es eso precisamente lo que se quiere eliminar.

Esta fue una estrategia mediática que funcionó muy bien, pues logró desvincular la relación semiótica entre ambos grupos (que vienen siendo el mismo grupo), dejando la sensación de que los paramilitares dejaron de existir.

Si bien el paramilitarismo como lo conocemos surge mucho después que las guerrillas (si, porque Colombia ha tenido otros movimientos paramilitares, como la policía Chulavita en la década del cuarenta auspiciada por el gobierno de Mariano Ospina), no fue sino hasta su aparición en la década de los ochenta, que el campo colombiano se cubrió sangre.

Los fenómenos de desplazamiento forzosa, masacres, asesinatos de líderes, etc, alcanzaron su dimensión más grotesca de la mano de los paramilitares, quienes protegidos por las élites, el ejército, el gobierno y las empresas privados, tuvieron la total libertad de hacer lo que hicieron con la población.

Aunque teniendo en cuenta los mecenas del paramilitarismo en Colombia (Por ejemplo, los doce apóstoles), no es de sorprender que ahora intenten minimizar el fenómeno y que sea el gobierno el principal interesado borrar esas memorias.

Pero reflexionemos un poco, sólo hace falta ver la cantidad de líderes sindicales que han asesinado en los últimos meses, y el temor reinante de que sean los grupos pos desmovilización paramilitar quienes se queden con los territorios que abandonen las FARC, para entender que el paramilitarismo en Colombia simplemente cambió de piel, pero está más vivo que nunca, no importa lo que digan las encuestas, las infografías o la Prueba Saber Pro.

 

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