El Problema del Experimento de Navarro Taxista

David Lipscomb taxi

Me parece curioso y llamativo que el senador Antonio Navarro se ha puesto en los zapatos de los taxistas desde el 15 de enero (y durante un mes), para lograr una cercanía con el gremio a través de esta experiencia, poder entender sus necesidades y legislar mejor de acuerdo a esto. Sin embargo me guardo algunas reservas sobre el experimento de Navarro Taxista.

Todo esto se genera en parte debido a las múltiples denuncias que se reciben a diario por parte de los usuarios de taxis en Bogotá, quienes reclaman malos tratos (abajo les dejo un video con una de estas “joyitas”), denuncian además que los taxistas no quieren prestar el servicio, no respetan las normas de tránsito, hacen cobros excesivos, entre otros. Y los taxistas a su vez alegan inseguridad, problemas de movilidad en la ciudad y falta de garantías relacionadas a la seguridad social.

 

Entonces al Senador Navarro, quien fue militante de la guerrilla del M-19 y presidente de la Asamblea Nacional Constituyente del 91, se le ocurre que una buena manera de comprender las problemáticas que denuncian taxistas y usuarios es hacer un proceso de inmersión y poder generar un proyecto de ley que atienda las necesidades específicas y concretas del gremio.

Hasta aquí todo bien, un ejercicio carismático y puede llegar a ser hasta válido. Sin embargo ocurre lo mismo que con el performance (De ahí que los considere discursos sin fundamento), algunos performance buscan acercar o recrear una realidad específica a través de la representación. Por ejemplo, existe un performance en el que una chica empuja una sandía cuesta arriba y cuesta abajo siguiendo un semi-círculo durante, no sé, tres horas. Todo esto con el fin de representar la ardua labor y el proceso cíclico del trabajo en las minas (o algo así, la verdad lo vi hace mucho tiempo, pero la cosa era por ese estilo)… La tesis y el discurso eran bastante convincentes, pero no me haga reír, ¿Empujar sandías?, por lo menos se hubiese puesto a picar piedras o a echar pala 12 horas, le daría una idea más realista de lo que es el trabajo en las minas.

Sé que la comparación es odiosa y desproporcionada porque Navarro efectivamente está ejerciendo como taxista en una jornada de 12 horas (de 4:00 a.m. a 4:00 p.m.), pero no lo hace en las mismas condiciones que los taxistas en general. En una noticia publicada en El Tiempo, se comenta que Navarro busca sus carreras en sectores como el parque de la 93 o la 82, y de preferencia escoge carreras hacia el aeropuerto (Porque puede sacarse una buena tajada de lo del día con ese servicio), sin embargo no se da cuenta que una de las principales problemáticas que enfrentan los usuarios en Bogotá es precisamente esa “selectividad” en los servicios, de hecho la frase más común que se le escucha a un taxista es “Para allá no voy”, aunque él mismo ha dicho que no desprecia una carrera y que no hace bajar al pasajero y cumple con el servicio.

Segundo, teniendo en cuenta que Antonio Navarro es uno de los senadores con mayor trayectoria política y uno de los miembros del congreso más publicado por los medios, difícilmente encontrará un pasajero que no lo reconozca (puede que no sepan a ciencia cierta de quién se trate, pero reconocen que es “famoso”), esto afectará notablemente la manera en que se relacionarán con él, porque en definitiva no es lo mismo dirigirse a un taxista cualquiera que a un senador de la república.

Ocha colombia antonio navarro
Imagen propiedad de Ocha colombia

Tercero, él no tiene las necesidades económicas que los taxistas tienen. El día de ayer se le varó el taxi, por lo que perdió un día de trabajo, sin contar el costo de poner en marcha nuevamente el vehículo. Para una persona que después de los descuentos legales goza de un salario mensual de 19 millones de pesos (cerca de  nueve mil quinientos dólares), perder 120 mil pesos no será la gran cosa. Sin embargo gran parte del afán y del estrés que viven de taxistas proviene de las cuotas promedio que debe pagar (una parte para el dueño del taxi, parte para la gasolina o gas, parte para entregarlo lavado, si paga seguridad social eso y lo que quede para ellos) y de alcanzar a recolectar dinero suficiente para que le alcance para todo. Una varada, estrellada, pinchazo y demás es una verdadera tragedia. Es más, sólo quítenle la presión de tener que entregarle al dueño del vehículo el producido y con eso ya hace mucho.

Cuarto, No toma el turno de noche y va escoltado. Otro de los grandes problemas de los taxistas está relacionado con la inseguridad, y esto aumenta en la noche. En Bogotá se presentan un promedio de 5 atracos a taxistas diarios y hasta octubre del año pasado se habían presentado 14 asesinatos de taxistas relacionados a robos, pero esto no va a ser algo que Navarro pueda experimentar porque cuenta con un dispositivo de seguridad a su favor.

Posiblemente lo único que puede evidenciar Antonio Navarro de primera mano en su experimento es el problema de movilidad que tiene Bogotá, pero esto es algo podía hacer desde la comodidad de su vehículo o sólo asomándose a la calle en las horas pico. También podrá darse cuenta del alto índice de accidentalidad que se genera en la ciudad producto del mal estado de las vías y del exceso de velocidad, en promedio se presentan 19 accidentes en la capital que involucran taxis.

 Repito, como ejercicio me parece válido y me parece buena la iniciativa de legislar a través de ponerse en los zapatos del otro, sin embargo no creo que le alcance para evidenciar las cosas que se propone, aunque puede darle un acercamiento si se propone indagar cosas como por ejemplo, cómo viven, cómo están compuestos sus hogares, cuántas personas trabajan en ellos, cómo están de moralidad, cuáles son sus expectativas, sus valores, qué piensan de la labor; En definitiva una tarde de chelas con un grupo de taxistas le daría más respuestas a las metas que busca que simplemente ponerse detrás del volante (Pero que tal Navarro nos sorprenda y termine haciendo un verdadero ejercicio a lo gonzo). Aunque este ejercicio me da una idea, ¿Les parece que sería una buena opción poner a los miembros del gobierno a sobrevivir dos meses con el salario mínimo mientras lo están debatiendo?, como lo que le duele al colombiano es el bolsillo, quien quita, de pronto se ponen la mano en el corazón.

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