Salsa y Cali, mi nuevo súper reto para el 2015

Salsa Enrico Beneduce

Hola a todos, después de este largo receso vuelvo a la vida (o mejor hljorge de Ultimate Wanker Press me ha resucitado). Les comento que a final de año mi blog se cayó (otra vez) y quedé fuera del aire un tiempo (nuevamente) perdí más o menos 7 meses de artículos (eso si fue una novedad) y como la señorita no guarda backups entonces ya se imaginarán la desgracia.

Pero saliendo de la depresión y la vil pereza de volver a poner el blog en pie, les cuento sobre una actividad que vengo practicando hace unas semanas y me tiene encantada.

Como todos los eneros desarrollo un poco de culpa por haber sido tan perezosa el año anterior, por las hamburguesas con papitas, por no darle a mi cuerpo el ejercicio que se merece, por descuidar mi salud y en busca de algo de expiación, me matriculo en el curso de alguna actividad física que me llame la atención, juró hacerla todo el año y finalmente la abandonaré por el motivo que sea meses después y perderé tiempo, equipos y dinero.

Así me la he pasado en clases de boxeo, jogging, gimnasio, ciclismo, hapkido, patinaje, senderismo,  voleibol, baloncesto, muay thai (Aunque ese lo dejé por tiempo, si me diera el horario honestamente lo seguiría haciendo, nada como un puño en la cara para sentirse vivo). Pero considerando mis opciones, y pensando que este año quiero hacer las cosas un poco diferentes (igual que todos los años), me incliné por el baile, específicamente por la salsa.

Verán, en la ciudad en la que vivo, Cali, la salsa es una cosa grande. De hecho fue considerada un tiempo la capital mundial de salsa y tenemos todo el año conciertos de las agrupaciones insignias del género, incluso tenemos nuestro propio estilo de baile, conocido como “Salsa estilo caleño”. Una actividad, evento, feria, rumba, salida, paseo de olla, chiqui piñata en Cali sin salsa es como un día sin sol… En fin, aquí baila desde el más viejo (o maduro) hasta el más pequeño. Pero hay sus excepciones y no es que sea una obligación, no falta el caleño amargado que no baila salsa, por ejemplo yo.

Si bien no es una obligación ser caleño y saber bailar salsa, si es un estereotipo muy marcado y es algo que los demás esperarán de ti. Saben cuántas veces he escuchado cuando estoy de viaje el “Uy, aquí llegó la caleña que nos va a enseñar a bailar” o, mi favorito, “se prendió la rumba, llegó la caleña”… Y yo pienso que mejor digan que llegó chuky, porque literal asesino la fiesta.

¡Ay! y si les contara de los ridículos… es decir, en la actualidad tengo la convicción de posar firme y decir no gracias cuando alguien me saca, pero cuando estaba más joven por aquello de la cortesía, de la solidaridad con ese caballero que se había atravesado la pista entera para hacerme el terrible ofrecimiento, yo salía… pobre hombre, haciendo piruetas conmigo durante los 8, 10 o 15 minutos que durara la tanda de salsa más encartado que gallina criando patos y después obvio, no volvía a ver al sujeto ni por las curvas. Además no falta el amigo infeliz que se goza toda la escena para después caerme a carcajadas porque había espantado al fulano… o peor, como nadie me sacaba a bailar me tocaba quedarme en la mesa aguantándome al borracho de lengua trabada que empezaba a ponerse querendón.

Así que este año me revelé y decidí de una buena vez meterme a clases para aprender a bailar, es la manera inusual, porque aquí se aprende en la casa con la tía guapachosa o en la discoteca a fuerza de intentarlo sagradamente cada fin de semana durante años. Pero como a mi no me tocó la tía contentona ni me gusta la rumba, me tocó pagar. Y agradecida estoy con las clases de muay thai porque de lo contrario mi pobre y oxidado cuerpo no daría para tanto.

Me le medí a entrenarme con los chicos de Salsa Swing (Grupo de la universidad del Valle) y hasta el momento me ha gustado mucho. La clase que más me gusta es definitivamente la de “Aerorumba”, porque incluye otros géneros como el mambo, la cumbia, la lambada, el merengue y, el género que catapultó la selección Colombia con sus celebraciones en el Mundial de mano de mi amado y rumberísimo Pablito Armero, la salsa choke. Me di cuenta que no soy tan tronca como yo pensaba, está bien, sí, tiene más ritmo un paro cardíaco y la parte izquierda de mi cuerpo está medio muerta, pero he mejorado mucho, estoy sacando a la Amparo Arrebato que habita en mi. Posiblemente, con unas semanitas más, me atreva a decirle que si al próximo galán que me invite a la pista y de pronto, quién sabe, hasta me vuelva a invitar.

Les dejo una muestra del estilo caleño, los que tienen candela en los pies:

 

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