Los Tiempos de Kubrick

Escrito por: Juan David Ochoa

Stanley KubrickFue suficiente con gorilas y adefesios nacionales. La amnesia política persiste. Y aunque no hay aniversarios cercanos que sustenten este texto, resulta valido el flash back, la remembranza, ahora que Hollywood apesta como nunca entre su historia de miserias. Nadie volverá a enfrentar ni a desafiar la dictadura de la industria, ese misterio sucedió en un tiempo fugaz y memorable, cuando el patriarca Kubrick quebrantó los intereses canónicos del entertainment, y dirigió a su antojo un monumento simbólico, barroco y saturado de silencios y metáforas brillantes; era Odisea del Espacio, el delirante experimento que partió la historia del último arte. Ese espécimen sagrado en la filmografía de la Warner Bros.

Ellos tuvieron que ceder, el genio de Stanley era mundial y renombrado, y entre la pugna y la conciliación de los proyectos, eran ellos o él, la industria o el arte, las masas o el ingenio. Es una anécdota total entre el poder de los mercados. El mundo vio nacer en las pantallas a un genio de la estética y la creación, un monstro hiperactivo y exótico, asfixiante y maniático, adorado y terrorífico; el hombre que obligaba a repetir trescientas veces una escena hasta entrever las energías liberadas del actor, el que obligaba a los elencos a elegir todo un exceso de recursos sin censura; todos los medios para el fin artístico, alcohol o alucinógenos para lograr la escurridiza catarsis.  El monstruo de la perfección o la renuncia. Quien reescribió las obras del momento hasta adaptarlas al guion con sus caprichos, (Lolita─ 1950) junto a Navokov, (The Shining ─ 1980) Junto a Stephen King. Lograba cimbrar todas las sectas radicales de la crítica y las dividía, lo idolatraban o lo odiaban con las vértebras; lo respetaban con la sangre del fervor o lo incendiaban con el fuego criminal de la calumnia.

El Resplandor Kubrick Poster

Su biografía era cercana a las irreverencias  de sus filmes. Detestaba a su país como a sus guerras enfermizas y las parodiaba, (Doctor Strangelove 1964), (Full Metal Jacket 1987). Nunca volvió a su New York después de su radicación definitiva en Londres, ciudad en la que dirigió su bomba de polémica y violencia (The Orange Clockwork─ 1971), la obra censurada en una década por toda la ortodoxia del momento, por la que fue acusado de aplaudir el vandalismo y azuzarlo. Y en el contraste, por la que el mundo iniciaba  a penetrar en su vanguardia de colores, entre la música beethoveniana y las fusiones psicodélicas de Wendy Carlos, su arreglista leal.

Su obra general fue un movimiento telúrico en la historia del cine. Existe un antes y un después del obsesivo que en su historia no aceptó los personajes medios, las escenas superfluas, los diálogos vacíos. Era la obra total o la renuncia, la altura del oficio o la miseria, la obra o la nada.

2 Replies to “Los Tiempos de Kubrick”

  1. Hoy todo funciona así. Para qué profundizar si con lo nimio es suficiente, para qué darle vueltas a las cosas si todo el mundo quiere lo simple, para no pensar mucho, para no complicar las cosas más. Creo que el final de tu articulo lo define todo muy bien.

    1. Total, por lo menos nos queda la obra de genios como Kubrick

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