CRÓNICAS DEL FIN DEL MUNDO. PARANOIA DOMINGUERA Y UN PASEO EN CARRO (PRIMERA PARTE)

Escrito por: Mariela Ibarra

Ya el sólo hecho de trabajar un domingo puede amargar un poco, pero a la larga tenía sus beneficios, el lunes me lo daban libre, más tiempo para dormir, ver pelis, vagabundear, que sé yo. Entonces me tomé la cosa con optimismo, incluso me quedé en el trabajo un tiempo después de haber finalizado la jornada.

Terminé cerca de las 5:30 P.M., momento en el que caía un aguacero de esos que saben ahogar niños y causar tragedias… y yo sin. En fin, mientras me animaba a salir reconocí una pequeña silueta que corría hacía lapuerta en la que yo estaba. Era mi vecinita, un aureola brillaba sobre su cabeza salvadora, ¿quién diría que encontraría transporte tan lejos de casa, un domingo en pleno aguacero?. Pues obvio no, de lo contrario no habría historia.

La saludé con mucha efusividad, quizá demasiada porque la niña hasta se asustó, conversamos brevemente, le pregunté si estaba sola, qué hacía por esos lados y si ya iba para la casa. La chiquilla contestó que sí a todo (Incluyendo lo de qué hacía por esos lados, lo que
indica que no me prestaba atención). Luego abandonó el resguardo del techo que compartíamos y salió corriendo, antes de dar vuelta en la esquina se giró y me mandó un besito con la mano, luego dobló en la esquina y me dejó sola bajo un desgarrador cielo encendido en rojos, amarillos y púrpuras.

Seguí viendo hacia la esquina minutos después de que mi vecinita se fue, hasta que me convencí de que en verdad se había marchado. Empezaba a sentir frío. Cerré mi chaqueta hasta el último botón y abandoné también el refugio que me había brindado la portería contra la lluvia.

No había caminado mucho, probablemente habría dado unos 6 pasos, cuando vi el carro de mi vecina, el vehículo pitó. Me despedí con el gesto resignado de quien se despide en el aeropuerto después de jurar amor eterno. No sé si fue por la cara de conformismo que tenía bajo la lluvia lo que hizo que el conductor se compadeciera, pero el carro se detuvo un poco más adelante, y yo volví a saborear esa gloria celestial del que se sabe salvado.

A través del polarizado vi que el papá de mi vecinita me abría la puerta del pasajero, yo brinqué dentro del vehículo, tomé el cinturón, lo aseguré girando medio tronco con la vista clavada en el asiento trasero para agradecer a mi vecinita por mostrarle a su papá que yo estaba ahí. Pero mi vecina no estaba en el vehículo.

Giré entonces la cabeza, esta vez hacia el conductor, y examiné el rostro que me sonreía generosamente. No lo conocía. El vehículo entonces inició su marcha adentrándose cada vez más en las oscuras fauces de una ciudad monstruosa. Desde entonces vivo en un sótano, ya han pasado casi tres años, y espero que tú que lees este pequeño trozo de papel no te encuentres en la misma situación…

Ver Segunda Parte: http://marielai.wordpress.com/2012/06/06/cronicas-del-fin-del-mundo-paranoia-dominguera-y-un-paseo-en-carro-segunda-parte/

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