HISTORIA DE LA HUMILLACIÓN

Escrito Por: Juan David Ochao A.

Días atrás, entre el frio bogotano y los cementos destruidos de la calle 26, me detuve en el portón del cementerio central. Me impulsó el vertiginoso imán de las memorias muertas. Después de entregarle la cámara al vigilante por cuestiones inentendibles de administración, seguí

El Callejón de la Expresidentes
El Callejón de la Expresidentes

desanimado un poco entre las rejas  oxidadas que se abrieron chillando como cerdos prehistóricos y  torturados. Adelante estaba el frio aprisionado, las palomas que ascendían tétricas entre las tumbas y las cruces inclinadas, los siglos intactos en el mármol de las fechas inmortales. La muerte invisible entre pasillos. Caminé unos pasos y el sonido de otras alas explotó delante de mis piernas, un nuevo grupo de palomas se elevó a las bóvedas indemnes.

Enfrente Santander erguido en un añejo monumento. Una extensión de rejas negras custodiaba el hoyo de su polvo. La fosa primordial, pensé, El anfitrión de una historia compleja. Atrás, en fila directa, un cemento elevado a color, un rojo extraño y conjugado en blanco evidenciaba una fecha apocalíptica, (1989). Me acerqué con el morbo y el vértigo curioso de los vivos. Era él, Luis Carlos Galán Sarmiento. No pude evitar una corriente eléctrica en la sangre. Era ese símbolo truncado en una década macabra de trituración y pagos de millón por policías muertos. Quien aspiraba a destronar el narcotráfico de los atriles del poder, ahora en el cemento impuesto del silencio. Lo rodeé despacio y detallé otra fecha camuflada en una reja oscura. Virgilio Barco, seguí, López Michelsen, seguí, atrás Rojas Pinilla, el ciclo de otra dictadura. Era la estirpe de la muerta presidencia. A la izquierda y elevado en un gris lúgubre de mármol, Laureano Gómez, imaginé la gris historia del 40. El humo incendiario y catártico del Bogotazo, el anónimo bullicio de otros muertos, la ira, la explosión, el poder de la ortodoxia y la derecha radical. Seguí. Justo al final de la honorable historia, anacrónico y frágil en la no custodia de las rejas, al borde del suelo, acompañado de flores, ramos abiertos, cartas, El comandante que aspiró  a la presidencia desde la reforma  afortunada de una estúpida constitución. Pizarro León, el que aspiraba a gobernar con la justicia enfebrecida, ahora vertical y evaporado entre el helado viento de los idos, asesinado al borde de un Avianca por los tiros de un esbirro de Castaño Carlos.

Tumba de Luis Carlos Galán
Tumba de Luis Carlos Galán

Caminé. Atravesé unos mausoleos de familias elitistas, coloridas lapidas de niños. Pardo Leal, en frente. La eléctrica corriente entre la sangre convertía su fervor en frio, esa anestesia letal de la costumbre o de la decepción. no era la historia del orgullo o de la gloria o de los tiempos emulados, era el espacio atemporal de una vergüenza, la insepulta memoria de la humillación, del crimen, toda la estirpe de la sangre desbordada por la idea imposible, el pacifismo, el progreso, el equilibrio. En ese espacio estaba mi generación y una esperanza enterrada junto a la impotencia.

Portada del Cementerio Central
Portada del Cementerio Central

Ahora me encontraba en frente de las rejas de los cerdos torturados. Reclamé la cámara que no tomó ni eternizó la historia de la humillación. Entre la ruina y los estrépitos de los motores, la simulada liviandad me recobró el calor; el pulso. La destruida calle 26 me pareció un problema imbécil en el cráter de una historia intacta.

One Reply to “HISTORIA DE LA HUMILLACIÓN”

  1. Este artículo es excelente, no entiendo por qué nadie lo ha comentado.

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